El gobernador que quiere ser presidente es cuestionado desde todos los wines por los problemas de la Provincia, incluso desde municipios del peronismo
La inseguridad volvió a golpear a la puerta de Axel Kicillof, pero esta vez con una particularidad: del otro lado no estaban solamente sus adversarios políticos. Desde José C. Paz, un municipio históricamente identificado con el peronismo bonaerense, salieron a reclamarle al gobernador que se ocupe de la seguridad mientras avanza con su armado nacional.
El asesinato de David Ojeda Vázquez volvió a encender las alarmas en el distrito de Mario Ishii y derivó en un duro comunicado de la Municipalidad. Pero Pablo Mansilla, secretario de Gobierno y hombre de confianza del hombre de poncho, fue todavía más lejos: “Nos duele la desidia”, cuestionó, y apuntó directamente contra Kicillof. “Tendría que dejar de pasear por las provincias y cuidar a sus vecinos”, disparó.
La frase tiene un contexto difícil de ignorar. Mientras José C. Paz reclamaba por la inseguridad, Kicillof avanzaba con su recorrido federal y desembarcaba en Misiones para reunirse con el gobernador Hugo Passalacqua y profundizar acuerdos entre ambas provincias. La gira forma parte de una construcción política que ya lo llevó por distintos puntos del país y que, aunque el propio gobernador evita hablar formalmente de candidaturas, es leída como el comienzo de un armado presidencial.
Kicillof todavía no es candidato, pero ya recibe los costos de serlo.
Palos de aquí y de allá
El reclamo de José C. Paz tampoco nació de la nada. En junio, Mario Ishii protagonizó un fuerte cruce con Verónica Magario en el Senado bonaerense cuando reclamó que se trataran sus proyectos para declarar las emergencias sanitaria y alimentaria. El paceño había cuestionado a Kicillof y le había pedido que “camine un poco por el Conurbano”. Magario terminó cortándole el micrófono cuando se agotó el tiempo reglamentario.
Ahora, el reclamo cambió de escenario y de problema: de los hospitales y la comida a la seguridad. Pero la acusación es prácticamente la misma: que el gobernador mire hacia la Provincia antes de mirar hacia afuera.
La oposición, por su parte, encontró en la seguridad uno de los primeros terrenos para disputar la próxima elección bonaerense. Diego Santilli salió rápidamente a cuestionar a Kicillof por la suspensión del régimen penal juvenil y el ministro Javier Alonso respondió. Cristian Ritondo, del PRO, también apuntó contra el Gobierno provincial, y Patricia Bullrich elevó todavía más el tono.
Candidato o no candidato, da igual
Aunque el gobernador se esfuerce en negar sus pretensiones -a la par que todos sus dirigentes de confianza gritan Axel presidente- la carrera presidencial ya está en marcha. Para llegar a Milei, Kicillof deberá resolver antes la situación interna del peronismo, que incluye, además, su sucesión en la provincia de Buenos Aires. El primer escollo, ese que está en las entrañas mismas del justicialismo, será tan duro de superar como una eventual competencia mano a mano con el líder libertario.
Por las dudas, el oficialismo nacional, que ve en Kicillof al posible rival de 2027, no deja pasar oportunidad para lapidarlo. Así, con flechas que le llegan desde todos los rincones, el gobernador está en la mira de todos. Y eso que esta nota no dijo una sola palabra sobre IOMA.





